domingo, 19 de octubre de 2014

Fran Nicolás Gómez-Iglesias, becario mayor del reino



A menudo los hijos se nos parecen, así nos dan la primera satisfacción…”, comienza una conocida canción del maestro Serrat y no le falta razón.  Sin embargo, sin conocer a los progenitores de esta criaturita de 20 años, me atrevo a afirmar que empezó a idear su performance en la sede de Chamartín del PP madrileño; lo que viera allí solo lo saben sus miembros, a quienes el joven Fran adoptó como “padres profesionales” y, como alumno aventajado, puso en marcha sus enseñanzas para asombro de propios y extraños.
 
Su apariencia aniñada contrastaba, al parecer, con una labia prodigiosa que, añadida a su vestimenta impecable, pelo engominado, postureo atildado y un catálogo de contactos envidiado por lo más granado del cuerpo diplomático, daban credibilidad a su fértil imaginación protodelictiva.  Cuando los demás postadolescentes practicaban juegos de rol en castillos inventados, él desarrollaba su partidas en el Palacio Real con personajes reales y Reales.

Siempre me ha llamado la atención qué debe pasar por la cabeza de un niño que, de mayor, quiere ser árbitro.  Cuando los demás fantasean jugadas y goles de sus ídolos futbolísticos, ellos sueñan mostrar una tarjeta roja al Messi o Ronaldo de turno, para regocijo o indignación de una grada enfervorecida.  En su caso, Fran tenía sus ensoñaciones fijadas en medrar en el Partido, mediar en la concesión de licencias urbanísticas o inversiones millonarias y ser recibido en su banco suizo con una botella de Moët.  ¿Imaginación desbordada o aprendizaje enfermizo?

Ahora, todo el que le trató afirma que le habían calado, que despertó sus sospechas desde el primer día y que le daban cancha para no causarle un trauma porque, qué poco cuesta hacer feliz a un niño.  Lo cierto es que se la coló a todos, sin excepción.  No se explica de otra manera su presencia activa en numerosos actos, sentado en primera fila o moderando debates con su admirado Aznar, debidamente acreditado y dando instrucciones o consejos a miembros de la cúpula Popular y ya, de traca, haciéndose pasar por agente del CNI, de su división infantil, supongo.

El caso es que lo han pillado por hacer lo que sus mayores:  Tratar a los catalanes como si fueran gilipollas.  ¿De dónde habrá sacado este muchacho la idea de pedir dinero a los abogados de Pujol para “suavizar” la evolución judicial de su caso?  No sabemos pero, la imaginación, por muy productiva que sea, siempre saca las ideas de algo que se ha oído alguna vez en alguna parte.


Cantaba el maestro Serrat en su estribillo: “Niño, deja ya de joder con la pelota, que eso no se dice, que eso no se hace, que esos cojones no se tocan”. O algo así…

5 comentarios:

Groucho Indignado dijo...

Una excelente banda sonora del maestro Serrat para un ingenioso guión de una película de "ciencia-aficción". Felicitaciones!!!

zaparrastroso1 dijo...

Un futuro "político profesional"Este niñato debería saber que para política se deben estudiar ciertas asignaturas que en el PP desconocen. Bueno... En el PP y en el PSOE y demás.
Y si le habían calado ¿por qué le regalaban gomina?

Luis Hernández Rodríguez dijo...

De aquellos polvos....estos lodos o Dios los cría y ellos se juntan.Tampoco es extraño en el ppsoe puedes ser un sinvergüenza y llegar muy alto...A las pruebas me remito.....la historia está ahí.

kchoman1 dijo...

Como dice el refrán de un pensador argentino: "las aves se reúnen por su plumaje". Este muchacho sintió el llamado las gaviotas y se adaptó a sus costumbres.

Jacqueline Pérez Labajo dijo...

Muy acertada la descripción del individuo este y el final apoteósico ,e encanto