domingo, 2 de noviembre de 2014

Hay que limpiar la fosa séptica


De un tiempo a esta parte, cada vez que me veo en un espejo tengo cara de gilipollas.  Desde que el verano de 2008, estalló la crisis de las “subprimes”, las economías llamadas Occidentales cayeron (caímos) en una crisis brutal, cuyas mayores víctimas fueron (fuimos) la parte de la sociedad que dependíamos de un salario para vivir.  Con el tiempo hemos ido descubriendo que las célebres hipotecas basura no fueron la causa, solo un potente detonante.  El asombro inicial ha ido creciendo exponencialmente con cada noticia que hemos ido conociendo y, a su lado, una justificadísima indignación que aún no ha tocado techo.

¿Qué ha sucedido?

Las ingentes cantidades de dinero, real o ficticio, que fluían por todas partes, fueron un sabroso caldo de cultivo para el crecimiento de delincuentes sin escrúpulos que robaron cientos de miles de millones de euros para, de una parte, fortalecer organizaciones criminales que protegieran sus tropelías y crear redes clientelares que garantizaran su desarrollo en la impunidad y, de otra, engordar groseramente sus patrimonios personales, a costa de la descapitalización del Estado, con un desprecio absoluto de quienes, con su trabajo y sus impuestos, alimentaban la Caja Pública.

Robar, a la vieja usanza, ha quedado en una práctica residual reservada a rateros, choricillos o gente desesperada.  Es arriesgado, casi siempre media la violencia y el resultado es magro.  ¿Por qué atracar una sucursal bancaria cuando puedes vaciar, desde dentro, la caja general sin mancharte las manos?  ¿Por qué meter la mano en las cuentas públicas si puedes privatizar servicios, a empresas previamente concertadas, a cambio de una jugosa comisión?  ¿Por qué hacer una gestión austera y racional, que no da dinero, pudiendo gastar cifras mareantes en construir infra o superestructuras monstruosas, innecesarias y carísimas, con unos presupuestos ya hinchados de partida, que se van incrementando cada día sin nadie que lo controle, a cambio de un porcentaje?  Por que tiene unos descomunales beneficios a cambio de un riesgo ínfimo.

Desde lujosos despachos, con sucursales en monterías, selectos clubes de alterne y paraísos fiscales, nos han llevado a la ruina con consecuencias dramáticas:  Millones de personas han perdido su medio de subsistencia para su sufrimiento y el de sus familias; cientos de miles de jóvenes, con una formación envidiable pero sin un horizonte vital, se han visto obligados a emigrar en busca de futuro; los más desfavorecidos han perdido lo poco que habían conseguido con su trabajo y se han visto en la calle, echados sin contemplaciones de un hogar construido con su esfuerzo; personas sin el bien más valioso, la salud, o grandes dependientes se ven abandonadas a su suerte, llegándoles la muerte mientras esperaban que el Estado atendiera mínimamente sus derechos o trabajadores de todo tipo que ven, impotentes, como sus derechos laborales se esfuman mientras su empresario obtiene groseros beneficios.

¿Qué sucederá?

Todos estos delincuentes que han surgido, se conocen cada día y los que quedan por descubrirse deben desaparecer de nuestras vidas y, en un último acto público, devolver hasta el último céntimo de lo robado.  Cada uno, tras el juicio correspondiente, será condenado a la pena que determine el Código Penal, laxo para según que cosas, pero no abandonará la cárcel hasta que no reintegre el dinero a las arcas de donde lo sustrajo.  Así de sencillo.

Además, no deben castigarse solo los delitos sino también sus consecuencias que, en los casos mas graves, han tenido como resultado la muerte de sus perjudicados e ir sumando años de pena hasta que todos quedemos resarcidos.

Las estructuras creadas por ellos y que les han dado amparo, deben disolverse y sus bienes pasarán a engrosar los del Estado, que decidirá el mejor destino para ellos.  Si es un partido político o sindicato, se declara ilegal y se disuelve en el modo previsto por la ley, si es una empresa, se liquida y se embarga y si es un banco se nacionaliza.


Nuestra sociedad está necesitada de una catarsis que nos devuelva la confianza en las instituciones y eso no se consigue con paños calientes, palabras huecas, disculpas fariseas y regreso al punto de partida.  Ya no hay marcha atrás.  ¿Podremos hacerlo?  Seguro y, por eso, GANAREMOS.



5 comentarios:

javiermarcosangulo.blogspot.com dijo...

Querido Fermín: Podemos y Ganaremos

jose manuel ortega cruz dijo...

Amén Fermín estoy de acuerdo al 100% contigo y albergo tus mismas esperanzas

albertraquel nuria dijo...

Se lo debemos a nuestros abuelos que lucharon en la guerra y a nuestros padres por la democracia

Esther Moreno Triviño dijo...

Impresionante artículo. Confío en la sociedad.Podemos,es justo y necesario.

Laura dijo...

Me ha emocionado muchísimo tu articulo. Gracias