miércoles, 1 de mayo de 2013

No lo olvidemos, cada parado tiene nombre y apellidos…



Sandra llora en su cama hecha un ovillo con la sábana, la escasa luz que entra por las rendijas de la persiana, rasga su momento de intimidad y los pósters que tapizan las paredes no pueden apartar los ojos de ella en un gesto de rabia y solidaridad.  Definitivamente, no irá a la excursión de fin de curso.  El poco dinero que entra en casa es necesario para comer y pagar la hipoteca, la luz, la comunidad… y, la mayoría de los meses, no alcanza para todo.

A sus catorce años, Sandra se ha visto obligada a madurar muy deprisa y, a veces, mira a sus amigas y no se reconoce en sus risas alocadas, sus caprichos frívolos o ese vivir permanentemente atolondrado propio de la adolescencia.  Su madre y su padre llevan dos y tres años, respectivamente, en el paro, la magra ayuda que percibía su padre acabó y la de su madre está cercana a su fin.

Raquel y Antonio, los padres de Sandra, lo están pasando mal, muy mal.  Siempre fueron luchadores y se aplicaron, a eso de vivir, con una sensatez ejemplar que ahora se ha tornado en frustración.  No saben qué han hecho mal, no entienden porqué las circunstancias se han cebado con ellos con esa saña inmisericorde, no encuentran la salida del laberinto y, lo que es peor, la única noticia que tienen de su horizonte vital son los negros nubarrones que ven aproximarse a gran velocidad.

Antonio aprendió de su padre el oficio de carpintero y lo desempeñaba con profesionalidad y buenas manos.  La fábrica de muebles donde trabajaba fue de las primeras en caer y, tres años después, se había aburrido de patear polígonos industriales, repartir currículos y buscar cualquier actividad, la que fuera, que le permitiese llevar algo de dinero a casa.  Hasta que se vio obligado a vender del coche, había sondeado con precisión quirúrgica todas las empresas que encontró en trescientos kilómetros a la redonda e, inevitablemente, la decepción diaria se tradujo en depresión.  No quería ver a nadie, no quería hablan con nadie, sólo le daba algo de vida el rato de juramentos, maldiciones y sentencias que dedicaba al telediario.

Raquel era una vendedora de coches muy capaz, dotada de una gran capacidad de persuasión; era capaz de detectar las necesidades del cliente en un primer vistazo y no parar hasta que éste salía con el contrato de compra bajo el brazo.  Fue la última en salir antes del cierre del concesionario, de eso va a hacer dos años, y no ha dejado de buscar otro empleo ni un solo día.  No ha encontrado más que carroñeros sin escrúpulos que pretendían aprovecharse de su situación en la compraventa de coches usados, trabajando por una mísera comisión y, por supuesto, en la economía sumergida.  Ahora, que es seguro de desempleo está a punto de expirar, no encuentra ni eso.  Nada.  Cero.


Todos los días, en conversaciones, los periódicos, la televisión o la radio, los más de seis millones de personas sin empleo son el epicentro del terremoto social que nos zarandea, sin embargo, todas y cada una de esas personas tiene un nombre, una familia, una vida y unos proyectos que se han visto truncados.  Cada una de ellas ha pasado, está pasando por diferentes estados de ánimo que oscilan entre la indignación beligerante y la depresión oscura.  No caigamos en la tentación gratuita de juzgarles, quienes se tienen que sentar en el banquillo son otros, no ellos.

3 comentarios:

Clamores dijo...

Y así más de 6.000.000 de nombres y apellidos, unos pueden seguir por la ayuda de sus mayores, pero tambíén se acaban o se mueren o se suicidan. Terrible este drama que día a día vemos a nuestro alrededor. Y suerte que no nos toque...
1º de Mayo Dia Internacional del Trabajo.
Rebautizo: Primero de Mayo Día Internacional del Paro. Proclamo.

javier gonzalez dijo...

Buenos días:
Tengo la humilde intuición de que lo que acabo de leer, no es fruto de la imaginación del autor, sino que son historias reales que conoce y le rodean.
Podríamos contar un sinfín, (hasta más de seis millones) de historias iguales y o parecidas; no lo voy hacer.
Tengo muy claro que el actual sistema no da más de si "está caducado, obsoleto, podrido". Algunos, con más mala intención que buena, pretenden perpetuar-lo desde los medios de comunicación. Alargando así, la agonía de un "enfermo mal diagnosticado".
Tenemos que reinventarnos. Encontrar una salida global a esta situación y tengo la sensación que es a partir de octubre cuando se iniciará la marcha. La marcha de la justicia, la marcha que se debió iniciar hace años, en busca de la igualdad, la marcha de la humanidad en busca de una sociedad más humana y no la injusta, egoísta y competitiva que nos vendieron, como la solución a nuestra ambición. Saludos.

María dijo...

estos dramas no dan nada imprevisibles nadie hubiese votado por un programa que nos ha destruido sueños ilusiones ahora nos atacan con la sanidad en vez de ayudarnos le dan dinero a los bancos los que más tienen esto es un desmadre y tenemos que decir basta ya!!