domingo, 14 de junio de 2015

10 criterios imprescindibles para las nuevas corporaciones


Ayer vivimos lo que, con su clarividencia y agudeza habitual, la gran Maruja Torres definió como la versión laica del Sábado de Gloria.  Buena parte de los ayuntamientos españoles experimentaron un vuelco hacia gobiernos con abierto espíritu democrático, participativo y transparente con una gran carga social en sus propuestas.  Tras un mínimo de cuatro años oscuros, respirando pesadamente un aire turbio y viciado, se abrieron puertas y ventanas y pudimos, por fin, llenar los pulmones de oxígeno reparador.  Bienvenida sea la alegría como motor revolucionario.

Se dice y con razón que, en política, todo lo que no sea avanzar es retroceder y, bien por acciones regresivas o pasividad indolente, la salud democrática de nuestros ayuntamientos y comunidades ha vuelto atrás hasta escenarios de hace décadas que creíamos felizmente superados.  Pongámonos las pilas porque hay mucho trabajo por hacer.

La organización municipal, con las lógicas adaptaciones cosméticas y tecnológicas, es básicamente la misma que se implantó en tiempos del Imperio Romano y está regida por un monstruo de Frankenstein legislativo denominado Ley Reguladora de Bases de Régimen Local (LRBRL), que pide a voces una renovación que sin duda se producirá cuando, en unos meses, estos vientos de cambio democrático profundo que nos mueven se instalen en el Gobierno Central. No obstante, se pueden hacer muchas cosas.

Con ánimo exclusivamente colaborador, cometeré la osadía de sugerir una serie de 10 medidas que sería interesante tener en consideración a la hora de empezar a trabajar:

1.- Planificación.  Es necesario conocer con precisión qué se quiere hacer, cómo quiere llevarse a cabo, cuándo realizar cada acción y de qué recursos se dispone para ello.  Todo lo que no sea así, supone caer en la improvisación y, como consecuencia, descoordinación, tropiezos evitables y errores de bulto.

2.- Equilibrio.  Sin dudar de la capacitación de todos y cada uno de los regidores elegidos, es imprescindible que asuman sus responsabilidades con espíritu abierto y democrático, dejando de lado las tentaciones autoritarias pero sin perder de vista la hoja de ruta y los objetivos a conseguir.

3.- Confianza.  Durante muchos años, la sombra alargada de los “cargos de confianza”, comisarios políticos en su mayoría salvo honrosas excepciones, ha ejercido el papel de “brazo armado” del político de turno dentro de la organización municipal.  Los trabajadores públicos gozan de una envidiable preparación, conocen el terreno y saben cómo abordar una tarea con eficiencia, basta con reunirles, decirles qué objetivos se persiguen, otorgarles libertad de movimientos y, lógicamente, asumir sus responsabilidades en los aciertos y en los fracasos, que también los habrá.

4.- Participación.  Salvo en las actuaciones de ámbito administrativo, todas las actuaciones municipales son susceptibles de llevarse a cabo con la participación vecinal.  Supone multiplicar el volumen de trabajo para, en muchas ocasiones, llegar al mismo resultado que sin ella pero es una tentación que hay que evitar.  Habrá una parte de la ciudadanía con ánimo de colaborar, proponer y actuar y otra que no quiera hacerlo, no pasa nada, la NO participación es otro modo de participar y hay que respetarla.  Descubriremos el “valor añadido” y la riqueza que supone trabajar de la mano ciudadana, vivirán cada logro como propio y este “empoderamiento” redundará en salud democrática y satisfacción del trabajo bien hecho.

5.- Trasparencia.  Además de poner a disposición de todo el mundo qué, cómo, cuándo, por qué y cuánto se ha hecho y los recursos empleados, se impone la “rendición de cuentas” como un instrumento imprescindible de una administración sana.  Convendría cerrar cada ejercicio con un Informe de Gestión exhaustivo y un resumen general al final del mandato para evitar caer en ese oscurantismo tan denostado, encontrar sorpresas desagradables en los cajones y desmontar falacias, rumorología malintencionada y sospechas de todo pelaje. 

6.- Lo Social.  De toda la vida, la gestión municipal se ha dividido en los que “consiguen recursos” y los que “consumen recursos”, con incomprensibles enfrentamientos entre ellos.  Toda administración que se precie debe tener claro que su único fin es mejorar la calidad de vida de la gente y, la municipal, como faceta más cercana al ciudadano, con más motivo.  La crisis se ha llevado por delante la ilusión, el horizonte vital y el bienestar básico de buena parte de nuestros convecinos.  Sin descuidar el interés general; la atención, la ayuda, el soporte y la promoción de proyectos deben ir encaminadas a mejorar la situación del sector más desfavorecido de la sociedad.  A largo plazo, todos saldremos beneficiados.  Una administración, por definición, no persigue cuentas de resultados sino Calidad de Vida.

7.- Escrúpulos.  El dinero de una administración municipal es escaso y, por lo tanto, muy valioso.  Todos los gastos deben acometerse con criterios de austeridad en lo interno y generosidad en lo necesario.  Así, los gastos prescindibles (representación, gabelas, caprichos estéticos, coche oficial, viajes, etc.) deben reducirse a la mínima expresión, liberando recursos para cubrir otras necesidades, estas sí, de obligado cumplimiento.

8.- Lo Público.  A pesar de las voces interesadas, la gestión pública bien hecha ha demostrado sobradamente ser más eficaz y eficiente que la privada.  La tendencia a privatizar o externalizar servicios públicos solo ha sido buena para los bolsillos de los adjudicatarios.  Es más, si una empresa privada presta un servicio público no lo hace por generosidad, sino por el lógico afán de ganar dinero (son empresas, no ONGs).  Si ese servicio se desarrolla desde el ámbito público, a igualdad de eficacia, el beneficio empresarial no abonado, redundará en beneficio del propio municipio.

9.- Recuperación.  Como extensión de la defensa de lo Público, se impone recuperar a su vencimiento todos los servicios privatizados (hacerlo antes supondrá unas penalizaciones gravosas para las magras arcas municipales).  Existe un ente, la empresa municipal, poco y mal explotado, que puede resolver muchos de los problemas de gestión de la administración directa con la ventaja de revertir los hipotéticos beneficios a la propia administración.

10.- Generosidad.  Un pueblo o una ciudad están habitados por las personas que han votado la opción que gobierna y los que no lo han hecho.  Desde la administración debe actuarse para todos por igual, sin perder de vista los objetivos a conseguir.  Los planteamientos sectarios solo conseguirán repetir los esquemas que se deben corregir.  No hay mejor fórmula para desarmar al adversario que la fuerza incontestable de los argumentos.

Me consta que, la inmensa mayoría de las nuevas corporaciones que ayer tomaron posesión, tienen muy presente este decálogo pero entiendo que un recordatorio nunca está de más.





2 comentarios:

El Pobrecito Hablador dijo...

Gracias compañero por sintetizar las tareas prioritarias, no solo valdría para los cargos electos sino también para los electores que tendremos que vigilarles y ayudarles para que se cumplan al menos estos mínimos preceptos de higiene y salud democrática.

Fernando Botica dijo...

Extraordinario decálogo, Fermín. Siempre acertado en tus reflexiones. Confío en que los nuevos gobernantes lo tengan en cuenta. Será la manera de que sigan siendo nuevos, pues les seguiremos votando.