domingo, 24 de marzo de 2013

Eran otros tiempos…



Ahora parece que, con la moda Vintage, rememoramos usos y productos antiguos que nos recuerdan los años felices de nuestra infancia, adolescencia y juventud.  Así, a vuela pluma, han venido a mi cabeza algunos de ellos pero, seguro, se te ocurrirán otros muchos porque se cuentan por miles.

El teléfono fijo:  Se ha convertido en un elemento doméstico que estorba allá donde lo pongas y sólo sirve para recibir llamadas molestas de teleoperadores a horas intempestivas.  De paso, han desaparecido las voluminosas guías telefónicas, ideales para calzar sillones cojos y las funcionales mesitas específicas para teléfono.

Grabar una cassette:  Éramos legión los adolescentes que, sin dinero para comprar discos, esperábamos pacientemente, con las teclas Play-Rec-Pause pulsadas, a que sonase en la radio tu canción favorita.  Siempre interrumpida por el locutor sádico que te estropeaba el principio, el final o ambos.

El cazo de calentar la leche:  Mueve a la ternura recordar aquellos tiempos en que, para desayunar, existía un cacillo especial para calentar la leche al fuego.  El empanamiento mental propio de los despertares, hacía que la leche, al hervir, se saliera en la mitad de las ocasiones; con la consiguiente bronca de tu madre.

Las diapositivas:  Recuerdo, con verdadero pavor, los días posteriores a la vuelta de vacaciones o a la boda de algún amigo, cuando te convocaban a la casa del interfecto y, sin piedad, te hacían digerir 360 diapositivas (10 carretes) con imágenes de: puestas de sol, un árbol, un dedo tapando el objetivo, otra puesta de sol, familiares pintorescos, etc.

El “baile agarrao”:  Las extintas discotecas tenían el momento cinegético por antonomasia, el de “lo lento” o “agarrao”, donde desplegabas todos tus encantos para sacar a bailar a la/s muchacha/s que pretendías ligar.  Tras los inevitables “NO” de las chicas más atractivas (había que intentarlo), alguna accedía a regañadientes y ponías en marcha tu arsenal seductor para, al volver a casa (solo), preguntarte qué podía haber fallado.

La sandwichera:  Es el pequeño electrodoméstico que peor ha resistido el paso del tiempo.  Consta de dos tapas idénticas con la forma y tamaño del pan de molde que, al cerrarse, calentaban el interior y tostaban ligeramente el exterior del sándwich.  Estaban fabricadas de un material antiadherente (los 10 primeros usos) y tenían una rival despiadada: La báscula.

Las pegatinas “ingeniosas”:  Encontraban terreno abonado en la maltratada pintura de los coches de 2ª mano; bien para cubrir desconchones, bien para mostrar la irresistible personalidad de su propietario (las escasas chicas que tenían coche eran muy reacias a su colocación).  Triunfaron las futbolísticas, el, siempre elegante, bebe(sin tilde) a bordo, o las reivindicaciones orgullosas del terruño natal.

Las zapatillas La Tórtola y la Perdiz:  Eran otros tiempos, jugábamos en la calle (sí, en la calle) a dar patadas a cualquier cosa o correr y saltar sin tregua.  Las pocas zapatillas de deporte (como tales) que existían eran prohibitivas para las magras economías domésticas y debíamos conformarnos con ese calzado con suela y puntera de goma, cuerpo de tela azul y sujeta con cordones, que apestaba a pudridero revenido a la semana de uso.

Se me termina el espacio pero no puedo dejar de acordarme de algunos otros más que relaciono a título de ejemplo:

La traidora bombona de butano, la figura de El Dominguero, los taxis sin radio, la rivalidad SEAT 124/Renault 12/Simca 1200, la programación de tv en Semana Santa, las gafas de culo de botella, los libros/el diccionario, jugar al Trivial, los guateques, la televisión sin mando a distancia, escribir a mano/la caligrafía, las calculadoras científicas, el dibujo técnico, coger apuntes y, sobre todo y por encima de todo, la política vocacional.


10 comentarios:

Miguel Lopez dijo...

Buena memoria, puedes hacer una segunda parte. Saludos.

Adan Esmit dijo...

¡Qué bueno! Sobre todo aquellos que vivimos y recordamos esas cosas. Un cordial saludo.

javier gonzalez dijo...

¡Que bueno!Has conseguido que me ria, después del "cabreo" que tengo con la compañía de teléfonos Orange. Lo más gracioso, es que me fui de Vodafone, por el mismo motivo (desconocía que si no pago la parte que rechazo, no pueden cortarme el teléfono)
Enhorabuena Fermín y gracias por tu buen humor, ya que luchar no podemos, al menos nos reímos, que también molesta lo suyo.
Y aprovechando que el Pisuerga pasa... mira cuando puedas, de darme unos consejos para el: (Comentario de Texto) Gracias y un abrazo.

José Antonio Jiménez Vega dijo...

Aquellos maravillosos años, como la serie. Es lo primero que se me ha venido a la cabeza, es que se pone uno nostálgico. Ahora,en Semana Santa, tocaba ver Ben Hur o como se escriba, y lo veías sí o sí porque solo había dos canales y un televisor. Son muchos los recuerdos. Gracias Fermín por invitarnos a revivirlos por unos momentos.

Un saludo. @gonzaloboon

Anónimo dijo...

En Semana Santa no podia faltar una representación de Don Juan Tenorio.

Fermín dijo...

¿Eso no era todos los 1 de noviembre?

juan merkader dijo...

Recuerdo todo lo que comentas, aunque creo que peor que las diapositivas era el vídeo y ver la cinta de una boda uff¡¡¡ o de un viaje que pacientemente y por educación digeriamos como rumiantes, poco a poco. Saludos Fermín.

Anónimo dijo...

Recuerdar és Viver más una vez lo Bueno de nuestras vidas!Los malos guardamos a siete llaves.

Anónimo dijo...

Lo recuerdo todo:
Recuerdo las pandillas, la primera vez que se escapaba una mano al escote de una chica, la primera mano que se escapaba de la chica a mi cara, la primera borrachera, las películas en el cine Gordo, y como muy bien dices, aquella política vocacional para el que la ejercía y lo que gustaba al ciudadano de pie que lo vivía con estusiasmo, lo recuerdo todo.

Anónimo dijo...

De acuerdo contigo, odio decir que el pasado fue mejor, pero hará hay que saber mediar con las nuevas herramientas y añorar las que hicieron posible los cambios, saludos desde Cd. de México. librosnomuerden.wordress.com