sábado, 25 de junio de 2016

Brexit ¿Dónde están Monty Python cuando se les necesita?


Mucho se ha hablado del “Big One”, ese terremoto de dimensiones bíblicas que termine desgajando California de la zona oeste de EE.UU. y nadie, o muy pocos, lo han visto venir en el corazón mismo de Europa.  Algo así ha sido el “Brexit” (ingeniosa contracción de los términos Britain y Exit cuyo autor deambula por los callejones de Londres lamentando amargamente no haberlo registrado), un seísmo descomunal que ha terminado por levantar una enorme cadena montañosa donde antaño estuvo el Canal de la Mancha.

Para todos ha supuesto un trauma que, reconocido o no, terminará por traernos consecuencias amargas.  Ahora que, aún sin comprenderlos del todo, habíamos convenido que había que tolerar las rarezas de los ingleses porque, al fin y al cabo casi son seres humanos; van y se descuelgan con que nos huele el aliento o los pies o las dos cosas y que se quedan en su isla tan ricamente comiendo las infinitas combinaciones de hierbajos, carne de ínfima calidad y pescado podrido que podemos encontrar en todos los mercados británicos; disfrutando de ese clima bendito que ha hecho pedir su reingreso en el infierno a los pocos que consiguieron volver; disfrutando de un servicio sanitario puntero en el mundo civilizado que descargará y mucho la sanidad pública valenciana; jugando al fútbol como si el césped fuera un campo de minas o exportando al mundo ... lo que sea que exporten los ingleses.

El caso es que a la economía mundial se le han movido los dientes dentro de las encías y la sólida (por falta de liquidez) situación financiera española, en su permanente partida del Juego de la Oca, ha caído en la casilla de la Calavera y vuelve otra vez al punto de partida.

Seamos sinceros en las reacciones: Rajoy se lamenta con la “boca chica” pero por dentro se descojona.  Ahora que se temía que le iban a descubrir el trampantojo de la recuperación de atrezzo, van, se pegan un batacazo las cifras macroeconómicas occidentales a cuenta de las inglesas y será el gobierno entrante el que tenga que lidiar con ese morlaco enfurecido mientras él, dándole pausadas y profundas chupadas al Cohiba, esperará el momento oportuno para salir, cual cuñado jubilado, con un “No tenéis ni puta idea, con lo bien que yo lo dejé todo...”, dar cuatro conferencias a precio de oro en universidades de chchinabo y acariciar su gato de angora, como le han dicho que hacen los villanos, mientras estornuda compulsivamente por la alergia.

Por dejar de un lado, momentáneamente, mi maldad consustancial y tratar de aportar algo con este reflexionado escrito, sugiero que visitemos al oculista, nos hagamos mirar esa miopía galopante que nos tiene recluidos mentalmente en unos escasos diez metros a la redonda, levantemos la vista hacia el horizonte y veamos (y actuemos) contra esa ola creciente de populismo/ultranacionamismo/protofascismo que surge por doquier; no vaya a ser que, cuando nos queramos dar cuenta, tengamos los sillones occidentales ocupados por fürercitos de medio pelo dispuestos a invadir y exterminar lo que sea necesario para dominar el mundo.


Eso en España no puede ocurrir, dirán los desavisados. Vale, sólo un dato: en 1931 ganó el Frente Popular, en 1936 fueron los “ensayos con público” y en 1939 se lió la que se lió.

1 comentario:

Francisca Alemany Hernandez dijo...

Los años de disfrutar tu lectura me llevan al compartir automatico, sin frases, sin comentarios, sin decirte , que bueno eres ¡¡¡

Y por ende compartirte sin una recomendación, hoy entono el mea culpa entre reflexiones ya muy reflexionadas.

Siempre agradecida por tus sarcasmos que entre risas las dan con mano plana y de canto.

Gracias y un besote enorme

Frana