domingo, 15 de noviembre de 2015

Humo


Admiro profundamente la capacidad de percepción extrasensorial con que la naturaleza dotó a la raza humana.  No se entendería de otro modo que podamos caminar tranquilamente por la calle, sin tropezarnos unos con otros, con la gran cantidad de humo que flota en el ambiente.  No me estoy refiriendo a la contaminación del aire, o también, sino a la constante difusión por nuestra castigada atmósfera patria, de consecutivas e intensas bombas de humo que evitan una visión general del escenario con claridad y en perspectiva.

Esa bruma dulzona que nos envuelve, está impregnada de un aroma a beneficiosa recuperación económica tan verosímil como ese sospechoso tono, rosa intenso, que decora los helados de fresa de a 1 euro el kilo.  Farsa barata e indisimulada.

Ya azuzan con saña el “problema catalán” para que nadie, salvo los 4 millones largos de afectados, repare en que tenemos la misma cantidad de desempleados que hace 4 años con la diferencia de que, quienes trabajan, lo hacen por la mitad de sueldo y en condiciones de precariedad cercanas a la esclavitud.  Y consiguen que casi nadie se fije en que la cifra del paro se mantiene aún habiendo obligado a cerca de un millón de jóvenes a emigrar como sus abuelos o nos hagan mirar para otro lado para no ver el escandaloso descenso en las cotizaciones a la seguridad social que hace tambalearse buena parte del ya maltrecho Estado del Bienestar.  Por cierto, lo del “problema catalán” lo habrían resuelto fácilmente con la celebración del famoso referéndum pero, de haberlo hecho, habrían perdido un potente foco de distracción.

Igual que los turrones que vuelven a casa por navidad, no se concibe una campaña electoral sin el terrorismo en el argumentario.  Una vez extinguida la amenaza de ETA, el sangriento fanatismo islamista y sus atrocidades indiscriminadas han cogido el relevo.  Como dijo un dictador gallego, un sanguinario tirano de apellido paradójico, “no hay mal que por bien no venga…”.  Con esa dura sombra de amenaza, nadie va a reparar en la falacia infame de la recuperación económica cuando, en solo 4 años, la deuda pública ha pasado del 70 al 100 % del PIB.  Es decir, 30 puntos que equivalen a más de 300.000 millones de euros en que nos hemos endeudado ¿para pagar qué, la corrupción y sus trampas?.  Es decir, es  como si una familia en paro presumiera de su bonanza económica tirando de tarjeta de crédito, sin reparar en que la factura vendrá con retraso pero también con cuantiosos intereses.

Cuando tienes el enemigo en casa, tirado en el sofá y vaciando tu nevera entre arrascada y arrascada genital; lo suyo es distraer la atención criticando el color del que ha pintado la casa tu vecino.  Así, cuando encontrar un cargo público del Partido Popular que no haya metido la mano en la caja, en vez de ser la norma se ha convertido en la excepción; cuando la corrupción emponzoña cada día las páginas de los periódicos (y eso que los grandes medios están “domesticados”), vamos a criticar cualquier cosa que hagan los de otro color político, que sea bueno o no, carece de importancia; vamos a sacarle los ojos al que emprenda una iniciativa diferente a lo habitual, aunque el enfoque creativo ayude a resolver problemas;  No vaya a ser que la gente descubra que hay otra manera distinta y eficiente, además de honrada, de hacer las cosas, les voten y se acabe el chollo.


En fin, se acercan las elecciones y, como en tantas ocasiones anteriores, un humo denso y asfixiante invade las calles.  Como diferencia, al menos esta vez, le han puesto una nota de color:  Está todo teñido de naranja…




2 comentarios:

aneclluc dijo...

Efectivamente cuando se avecinan elecciones la "venta de humo" es un buen negocio.

Javier Marcos Angulo dijo...

Amigo Fermín, siempre es lo mismo, pero esta vez debemos exigir cumplimiento de todo lo que se les llena la boca. El problema es cómo realizar ese cumplimiento y exigir el abandono de los escaños que ganen, si luego mienten.
Un abrazo