sábado, 14 de noviembre de 2015

¿Por qué?


Me ha venido a la cabeza esa leyenda urbana que afirma que los doberman, a partir de su séptimo año de vida, se vuelven locos y atacan sin motivo porque su cerebro crece más que su cráneo.  Algo de cierto debe haber detrás, aunque no referido a los perros sino a los seres humanos. ¿Humanos?

No encuentro otra explicación que justifique las matanzas en nombre de dios, de cualquier dios, perpetradas a lo largo de la historia.

Si tengo que tolerar que un grupo numeroso de personas, no solo crea en la existencia de un ser superior dotado de superpoderes, sino que trate de imponerme, por las buenas o a la fuerza, la obligatoriedad de esas creencias; no me queda más remedio que defenderme negando su existencia y, por tanto, rechazando cualquiera de sus dogmas, ritos y liturgias.  Me da igual que sea único y verdadero, uno y trino, múltiple o extraterrestre; me importa un pimiento que se le llame Zeus, Dios, Alá, Jehová, Shiva, Selenita, Mortadelo o Vulcaniano; todos y cada uno de ellos son fruto de la imaginación humana y nadie merece morir por la invocación de su nombre.

Detrás de la religión, detrás de todas las religiones, solo está el poder y la lucha por obtenerlo.  Un poder nada místico ni espiritual, al contrario, PODER con mayúsculas, de ese mundano y vulgar que persigue dominar voluntades y lograr un ejército de fieles que luchen en su nombre para lograr someter a cuantas más personas mejor.

En su lucha por el PODER, la mal llamada “Sociedad Occidental” ha cometido muchos errores: El primero, quizá, ha sido el de subestimar y despreciar a todas las organizaciones sociales que no son la suya y, como consecuencia, tratar de imponer su voluntad con las armas o mediante complejas jugadas estratégicas, que terminaban también usando las armas, para acaparar determinados bienes terrenales (petróleo, por ejemplo) y que han terminado por volvérseles en contra.  El paradigma de Al-Qaeda va camino de convertirse en una nimiedad al lado de la virulencia y capacidad destructiva del Estado Islámico y sus invisibles tentáculos durmientes infiltrados en nuestra sociedad.

¿Qué tipo de argumentos usan para anular la conciencia humana y convertir a personas normales en asesinos sanguinarios dispuestos a matar y morir con la única condición de hacer el máximo daño posible?  No lo sé.  Lo que sí sé es que no se puede asustar a quien no tiene miedo, solo conseguiremos que empleen tácticas más sofisticadas para evitar ser descubiertos.  Si esos “desalmados” han llegado a ese punto a través de la “seducción” de unas ideas tan fantásticas como discutibles, alguien tendrá que encontrar la tecla para disponer de otros argumentos que los anulen.  Aunque, claro, para poder conseguir ese objetivo tendríamos que echar mano de nuevo de la religión, nueva o antigua da lo mismo. Un clavo saca a otro clavo.


Cuando un ser humano entra en ese círculo destructivo sin otro final que la muerte propia o ajena, ya no queda el más mínimo vestigio de aquel niño inocente que sonreía mientras jugaba.  ¿En qué momento se perdió?  ¿Por qué?           



2 comentarios:

Ramiro dijo...

Me ha encantado tu reflexión,yo tampoco comprendo como reclutan jóvenes mediante argumentos que cualquier persona con un mínimo de inteligencia sabría que solo buscan causar daño a aquellos que no creen en el Islam , y respecto a tu conclusión yo tampoco sabría decir el por que de ello ni en que momento se pierde esa persona que decide luchar por ellos( los terroristas) .

Pilar dijo...

Los terroristas son creados como herramientas, para los intereses de los poderes facticos.Los captan igual que las sectas, y actualmente hay mucho cerebro vacio , fáciles de manipular. Realmente aquí el único dios asesino y culpable de todo esto , es el dios Dinero , Capital y Poder.¡¡