sábado, 8 de junio de 2013

Vendamos la marca España pero hagámoslo bien (Mi humilde homenaje a Tom Sharpe)



El Parlamento Europeo fue la sede elegida por el Ministerio de Asuntos Exteriores para vender la “Marca España” a nuestros vecinos comunitarios.  Asistieron alrededor de 500 personas, de las que 450 eran españolas (eso también es Marca España), que disfrutaron de las exquisiteces de nuestra gastronomía, disfrutaron de un espectáculo flamenco y volvieron para casa con el estómago lleno y el alma henchida de orgullo patrio.

El acto fue calificado por sus organizadores de “rotundo éxito”; aún así, empleando el argot y los criterios de los “Estudios de Calidad” que tanto bien nos han hecho, me permito hacer algunas “propuestas de mejora” que nos permitirán elevar al grado de Excelencia unas condiciones que, por sí mismas, ya son Muy Buenas:

A pesar de la sutil referencia a nuestro Presidente del Gobierno; sustanciada en un televisor de plasma donde se podía contemplar, en bucle, una representativa selección de sus declaraciones más relevantes; un anacronismo evidente deslucía el montaje:  El típico pañito de ganchillo sobre el que estaba colocada la figura de una gitana, de faralaes, en pose flamenca, no estaba pensado para la estrecha pantalla de las televisiones modernas y, en una alarmante muestra de improvisación hispana, hubo de ser fijado a su soporte mediante tiras de papel de cello que, sistemáticamente, se iban despegando a medida que el aparato adquiría temperatura; este hecho obligó a un funcionario del parlamento a sujetarla disimuladamente, agachado tras el conjunto, hasta que la naturaleza obró en forma de piernas dormidas, dolor de riñones y un preocupante brote isquémico en sus brazos que, a los diez minutos, hizo desplomarse a funcionario, gitana, pañito y plasma sobre un desavisado camarero que pasaba por delante portando una bandeja repleta de copas de la mejor manzanilla.  El ministro, en un alarde de reflejos y sabiduría, aprovechó para sacar pecho y reivindicar la autoría de otro invento fruto del ingenio patrio, la fregona.

De las consecuencias para desdichado funcionario poco se sabe, si acaso, algún rumor que lo sitúa destacado en la legación de Laponia.

La original performance protagonizada por bailarines flamencos sentados, de incógnito, entre el público contribuyó decisivamente a que se olvidase la desgraciada peripecia del plasma volador.  Si bien la idea de unas personas que, al escuchar los primeros compases, se arrancan por sevillanas, puede resultar original; algunos fallos de cálculo en la elección de sus asientos que, por no estar reservados, obligaron a los bailarines a ocupar las sillas vacías diseminadas entre el público asistente y el escaso espacio entre asientos y filas, agravados por la teoría física de la Impenetrabilidad de los Cuerpos, hicieron incompatible el grácil movimiento de brazos, caderas, piernas y tacones con la integridad física de quienes les rodeaban.  La catarata de bofetadas, codazos, empujones, rodillazos y pisotones provocó una estampida desordenada que el ministro ordenó detener empleando los métodos empleados, cada verano, en la localidad gallega de Sabucedo, conocida como “A rapa das bestas”.  El excesivo ardor con que se emplearon dos orensanos de pro dio oportunidad para que, los presentes, descubrieran las maravillas de la traumatología practicada en nuestra Piel de Toro.

Estimo necesario trasladar estas humildes recomendaciones en pos de que, en futuras convocatorias, ningún suceso desluzca tan loables iniciativas.

De nada.

1 comentario:

Javier Marcos dijo...

Todavia me estoy riendo de tu escrito, que sutileza empleas tan buena para decir que la Marca España está por los suelos.