sábado, 3 de agosto de 2013

Jamás adiviné...


Jamás adiviné que, una vez transcurridos 35 años desde que se promulgó nuestra Constitución, alcanzaríamos unas cotas de déficit democrático que poco tienen que envidiar a la situación del Tardofranquismo.  Es cierto que, con la periodicidad prevista, se convocan formalmente elecciones y depositamos nuestra papeleta en la urna con la satisfacción (últimamente desasosiego) de quien sabe que ha participado en la consolidación del Sistema.  Pero ya le hemos visto las orejas la lobo.

Al parecer, carece de importancia lo firmado en ese contrato suscrito entre una fuerza política y la ciudadanía, que conocemos como Programa Electoral.  La letra pequeña, que jamás hemos leído, reza: “En caso de victoria electoral, tú voto no compromete a nuestro cumplimiento de estas promesas.  Sin embargo, nos legitima para hacer lo que queramos y, si no estás de acuerdo, no nos votes dentro de cuatro años...”.

Quien ostenta (¿detenta?) las responsabilidades de gobierno, tiene en sus manos todas las armas, salvo ¡Ay! La financiera, para perseguir una mejora de la calidad de vida de sus gobernados pero, en el reverso de la moneda, esas armas son también un instrumento de probada eficacia para la consecución de beneficios sin cuento por parte de determinadas élites, conmilitones, amigotes de francachelas, dirigentes en primera persona y devolución de unos favores, sin los cuales, difícilmente hubiera accedido esa fuerza política a responsabilidades de gobierno.

Así, sin el más mínimo rubor, controlan con mano férrea los medios de comunicación, vistos como una herramienta imprescindible para crear o destruir opinión, mediante la archiconocida táctica del palo y la zanahoria; de este modo, si siguen sus consignas disfrutarán del bálsamo de las concesiones de licencias, jugosos contratos de publicidad institucional, algunas primicias informativas administradas con cuentagotas y otro tipo de ventajas inconfesables; en caso contrario, conocerán con toda su crudeza los rigores del invierno económico y se verán abocados a la desaparición o a pasar por el aro.  Arrepentidos los quiere Dios.

Controlar los tres poderes del Estado (más el cuarto, la Prensa), facilita enormemente la aparición y crecimiento de curiosas relaciones simbióticas, formalmente antinatura, entre conocidos lobbys, con fines exclusivamente económicos, y el legislador que elabora leyes a medida, la justicia que allana el camino y el Gobierno que ejecuta con decisión todas las medidas que sean necesarias para mayor gloria de las respectivas Cuentas de Resultados.  Algo siempre se queda entre las uñas.

La nómina de beneficiados es significativa:  La Iglesia Católica, la CEOE, las Eléctricas, las grandes constructoras (que diversifican su campo de actividad, por ejemplo, a la sanidad privada), el sector financiero y su filiales aseguradoras y la proliferación de tramas delictivas, compuestas inicialmente por comisionistas sin escrúpulos, que van integrándose en potentes estructuras imbricadas en todos los ámbitos de la vida económica cuyas consecuencias son el enriquecimiento obsceno de los implicados y una concurrencia electoral amañada que perpetúe el modelo.

A la vista de este escenario putrefacto, la pregunta que nos asalta es ¿Y los ciudadanos?  ¡Los ciudadanos que se jodan!



6 comentarios:

Anónimo dijo...

desgraciadamemte ,es la pura realidad , nos venden que el pueblo es el que decide , pero es mentira, solo les importa nuestro voto , ni tan siquiera tenemos un referendum vinculante para poder acabar con sus tropelías,, todo un engaño

Javier Marcos dijo...

El engaño arranca del nombramiento del actual Jefe de Estado por el dictador

Francisca Alemany Hernandez dijo...

La nueva generación a pesar de no estar libre de manipulación e incluso adoctrinamiento, ha nacido fuera de la dictadura.
Ha llegado el momento de crear una nueva constitución autenticamente democratica soberana hecha desde y para el PUEBLO.

Y lamento que en estos momentos me sobren coronas, se lo han ganado a pulso tras años de sospechas tras el 23F ahora siento que eran ciertas. Nuestro Rey es realmente un Borbon con lo que el hecho conlleva.

Javier dijo...

Soberbio, como siempre Fermín. Eres un maestro en la síntesis y en la coherencia. Mis respetos siempre.

Andres Ces dijo...

Tus comentarios,siempre son acertados,reflejan con un toque de ironía el actual deterioro de la democracia y de nuestra clase política.
Saludos

Brisha, la venganza dijo...

Jodo, jodo y jodo.
Como dicen en mi pueblo a tus palabras solo puedo añadir el "amen".