domingo, 15 de junio de 2014

La rebelión de la seda


La amplia antesala del despacho se estaba quedando pequeña por momentos; diez, veinte, cincuenta damas, ataviadas con sus mejores galas, exigían ser recibidas por el Magistrado mientras sus anchas faldas pugnaban por alcanzar un lugar de privilegio ante la lujosa puerta de nogal.  El murmullo iba in crescendo mezclado con el intenso fru-frú del roce de pololos, enaguas y seda oriental.  Los abanicos no daban abasto.

El secretario, hombre oscuro y altanero en otras ocasiones, abrió la puerta con timidez temiendo la invasión del enorme despacho del Magistrado e hizo alarde de reflejos al parapetarse tras ella cuando, las dignas representantes de la alta sociedad, irrumpieron imparables.  Por un instante, le pareció escuchar el quejido lastimero de la delicada alfombra persa, al sentirse hollada por un centenar de tacones impíos.

El Magistrado esperaba sonriente y relajado en su sillón de fino terciopelo rojo, al fin y al cabo, se sentía en estas situaciones como pez en el agua y no tardaría en apaciguar a sus invasoras con esa palabrería taimada que le había granjeado el apelativo con el que le conocía el pueblo; “El Ruin Gallardón”.

La mujer de más edad, semioculta bajo una gruesa capa de polvos blancos y una peluca cobriza y rizada, tomó la palabra:
-Magistrado, esto no puede seguir así.  Desde que se permitió a las mujeres trabajar en las fábricas, ya no queda casi nadie para el Servicio; tenemos que poner a las cocineras a limpiar la plata y la calidad de sus platos no es digna de nuestra alcurnia.  Cualquier día vamos a terminar comiendo berzas cocidas...

El Magistrado la interrumpió con un gesto de su poderosa mano derecha:
-Mi queridísima Lady Ana, me consta que la coyuntura no es ideal pero les aseguro que la solución no tardará en llegar, estamos adoptando una serie de medidas y, confíe en mí, vamos en la buena dirección.

Lady Ana lo miró desafiante mientras negaba con la cabeza:
-Esto ya nos lo dijo hace tres años y la situación, lejos de mejorar, ha empeorado.  Las pocas mujeres dispuestas que encontramos ya no se conforman con techo y comida, algunas exigen un sueldo, incluso, las dóciles que trajimos de las colonias, están resabiadas y contestonas.  Queremos saber qué va ha hacer al respecto.

El Magistrado se apoyó relajado en el mullido respaldo:
-Queridas amigas, las haremos tener hijos...-  Hizo una pausa teatral para asegurarse que había captado la atención y continuó melifluo. –... una mujer con una prole numerosa no tiene tiempo de ir a una fábrica a trabajar, disminuirá sus ingresos familiares y, al poco tiempo, aceptará lo que se le ofrezca para calmar su hambre y el de sus hijos.  Estos cubrirán el hueco dejado por ellas en las fábricas por un salario mísero y las mujeres y sus hijas os colmarán de atenciones como nunca antes habían hecho.  El hambre es un aliado implacable.

Lady Mary, que había estado asintiendo con atención, intervino:
-Todo eso está muy bien pero, pasarán años hasta que las aguas vuelvan a nuestro cauce.

El Ruin Gallardón cerró el debate con autoridad:
-Tenéis razón pero, unas pocas apreturas un tiempo corto, garantizarán una solución estable para generaciones.  Os pido ese pequeño sacrificio en aras de la estabilidad de nuestra sociedad y sus valores, como bien anuncia nuestro amado primer ministro.  He hablado con el abad del monasterio y no puede estar más de acuerdo con nuestras decisiones; es más, difundirá la buena nueva como el mejor modo de acercarse a Dios.

Las damas que entraron airadas y combativas, dieron media vuelta y salieron ordenadamente, sonrientes y complacidas.  El Ruin Gallardón ya hojeaba los papeles de su siguiente audiencia, la de los jueces a quienes amenazaría con eliminar sus privilegios si no se plegaban a sus instrucciones y sentenciaban siempre a favor de obra.




5 comentarios:

Els quatre gats dijo...

Muy bueno, gran post!!

albertraquel nuria dijo...

Genial muy bien escrito

Anonimo Anonimo dijo...

Acabas de describir de una manera muy sutil la hipocresía monárquica del pp. Muy buena.

(★Erisios★).

777

Cuando el cambio esta muy cerca, no hay lugar para la riqueza, para lo material. Vienes como vienes y te vas como te vas. "Con nada". Solo lo que llevarás contigo, es una maleta de sentimientos y de sueños no cumplidos. Así es la vida, asi es la muerte. Igual para ricos y para pobres. (Mis reflexiones).

Catalina dijo...

Buenísimo Fermín. Felicidades.

Gonzalo Casado dijo...

Genial.