jueves, 13 de agosto de 2015

Por Laura, por Marina, por todas...


Hoy el mundo es un lugar un poco peor.  El asesinato de Laura y Marina nos priva de la presencia de dos mujeres jóvenes, confiadas y alegres que cayeron en las garras despiadadas de un subhumano sin escrúpulos.

Porque Laura y Marina, Marina y Laura tenían por delante toda una vida para lograr la felicidad, para hacer felices a quienes estuvieran a su lado, para, quién sabe, conseguir encontrar un remedio para alguna enfermedad incurable o, nada más y nada menos, iluminar con su existencia la vida de los demás.  Un ser despreciable no ha permitido que eso sea así y ya las echamos de menos.

Estoy harto.  Harto de relativismo filomachista que buscará una justificación insostenible y cómplice a algo que no la tiene.  Harto de voces que llenarán páginas y pantallas de palabrería vacía y grandilocuente y, a la hora de tomar decisiones, fruncirán los labios, bajarán la voz y dejarán que todo siga igual.  Harto de “pescadores de ventaja” que, apelando a las vísceras, tratarán de sacar tajada del infinito dolor de todos los que tenemos sentimientos.  Harto de hipocresía, cinismo y gestos de cara a la galería.  Harto, en definitiva, de que haya mujeres que tengan que convivir a diario con el miedo, bajo la impertérrita mirada bovina de quien  podría hacer mucho por resolver su situación y no lo hace.

Ahora mismo no me apetece mucho ponerme a dar lecciones de reflexión, el cuerpo solo me pide desahogarme, pero eso no quita que tenga muy claro que, para avanzar decisivamente en la auténtica igualdad entre hombres y mujeres se debe educar en auténtica igualdad desde las primeras etapas de la vida; desterrar al cajón del olvido la asignación de roles sociales en función del sexo con que naces y poner a disposición de cada persona las mismas oportunidades únicamente en función de su capacidad.  Sé que eso no resolverá el problema ahora pero tendremos mucho avanzado de cara al futuro.

¿Qué hacen los que tienen potestad para tomar decisiones?  Promover un sistema arcaico de separación educativa de niños y niñas obedeciendo intereses bastardos de quienes, lejos de preocuparse por el bienestar futuro de las criaturas que ponen en sus manos, solo defienden mantener su estatus de influencia social con el consiguiente respaldo económico y capacidad de chantaje al gobernante de turno.

Cuando alguien pretende condicionar el comportamiento de otra persona causando un terror irracional, buscando la obediencia ciega a sus caprichos arbitrarios y aplicando castigos crueles, que llegan hasta la muerte, en caso de no obedecer sus premisas; se considera TERRORISMO.  Cuando este terrorismo persigue someter la voluntad en una mujer, su denominación correcta es TERRORISMO MACHISTA.  Y, todo lo demás, son respuestas tibias y brindis al sol.


Nuestro ordenamiento jurídico contempla un tratamiento específico para las acciones terroristas ¿Por qué no se aplica a quienes las perpetran contra las mujeres?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Demasiada violencia. Demasiados acomplejados. Demasiada demagogia oportunista. Poca educación, pocos valores humanos, pocos recursos legales y políticos para hacer una sociedad sana.

Fernando Botica dijo...

Conmovedor relato, Fermín, que suscribo íntegramente. Gracias por poner letra a un réquiem trágico y dramático que la mayoría repudiamos.

Cmartinezrivada@gmail.com Martinez Rivada dijo...

Comparto y suscribo, nadie se pregunta que ocurre?? Que cada vez son más jóvenes los hijos de puta que matan impunemente, que maltratan, eso sí sigamos educando en la primacía del hombre...en casa en la escuela en el trabajo..Es deprimente que un trozo de carne dé licencia para matar!!!